martes, 15 de septiembre de 2015

Manifiesto Unilero por la Paridad

“Los dolores que quedan son las libertades que faltan” (Manifiesto liminar) 

Este manifiesto pretende apuntar algunos elementos que conforman la base argumentativa de la lucha de los y las estudiantes de la UNILA por una universidad más democrática e integradora. Para transformar nuestra realidad es preciso intervenir en ella ya que el cambio sólo es posible cuando los actores involucrados poseen un verdadero poder de intervención en su medio. 

Sería incorrecto suponer que la simple participación de los y las estudiantes en las salas de aula, o puramente como espectadores en los ámbitos de decisión, se establezcan como nuestros únicos mecanismos de acción en el medio universitario. En ese sentido debe entenderse que la democracia universitaria se ve garantizada sólo cuando las resoluciones estratégicas de la Universidad son tomadas en el marco de una representación equitativa de sus diversas categorías. Entender que todas y todos quienes integran el ambiente universitario son esenciales para una construcción más plural del mismo, es el inicio para la formación de un espacio realmente autónomo, igualitario y democrático. 

Se asume así que la defensa de las diversas herramientas que puedan consolidar los espacios mencionados anteriormente, debe ser para los y las estudiantes, el pilar de su lucha. Todo marco normativo debe fomentar el mayor goce de derechos de sus actores y, cuando éstos no se vean contemplados por las estructuras legales vigentes, no deben ser las libertades las que se deben coartar sino que se torna necesario modificar la estructura. 

La conquista de la paridad, no puede ser vista como la pérdida de poder por parte del cuerpo docente, sino como un avance en la autodeterminación de quienes integran la comunidad académica en el proceso de democratización de la Universidad. Ésta es el fruto y la expresión de un régimen social determinado, y en última instancia, cumplirá las funciones que las necesidades culturales y técnicas de ese régimen le reclamen; no es posible concebir a la Universidad como un elemento aislado de la sociedad, sino que por el contrario debe comprenderse a la misma dentro de una estructura mayor. 

El movimiento estudiantil no está invitado a ser espectador de los cambios sociales; está convocado por su propia historia a ser partícipe y protagonista de los cambios que se están forjando y se forjarán a favor de la libertad. (ARISMENDI, R.) 

Asimismo, se torna necesario que se comprenda a la lucha por la paridad en un sentido más amplio, siendo un elemento que contribuye a la lucha histórica por la democratización de la sociedad en un sentido general. 

Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y -lo que es peor aún-el lugar en donde todas las formas de tiranizar y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. Las universidades han llegado a ser así fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de una inmovilidad senil.(MANIFIESTO LIMINAR) 

Se vuelve importante reflexionar al respecto del carácter histórico que tiene la lucha por la paridad, y para eso es importante entender al movimiento estudiantil en un contexto que tiene sus orígenes, al igual que el resto de los movimientos latinoamericanos, en la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918. 

Allí se entendía a la autonomía en sus aspectos (político, docente, administrativo, económico y financiero) como un componente central para una Universidad integradora, democrática y plural. En este sentido, no se puede concebir una Universidad que siga atada al poder político de turno, obedeciendo sus directrices administrativas y económicas, con resquemor de la capacidad orientadora de todos sus miembros que son, en definitiva, los que construyen día a día a dicha institución. 

El ejercicio de la autonomía implica también que las tres categorías que integran la Universidad, puedan elegir a sus cuerpos directivos, y a su vez, que los diferentes sectores que integran la comunidad académica, ocupen en igualdad de condiciones los múltiples órganos de gobierno. 

Nuestras consignas no surgen como elementos nuevos de la voluntad de este cuerpo estudiantil, son reivindicaciones que se han hecho eco en la voz de tantos y tantas militantes de Latinoamérica que dedicaron más que su tiempo a los principios que este manifiesto se afirma en defender. Son reflejo de los procesos que atraviesa la sociedad en su conjunto. 

La intelectualidad es una capa social que, en las sociedades actuales no posee una ideología propia: o asume la ideología de la burguesía o asume la de la clase obrera. Estas clases en conflicto pugnan, mediante la educación, por la formación de dicha intelectualidad y es responsabilidad del movimiento estudiantil organizado señalar los caminos y las posibilidades que se plantean a la misma, defendiendo todas las expresiones que muestran su carácter anticapitalista y antiimperialista. 

Esas mismas expresiones organizadas contra los intereses capitalistas, esa voz antiimperialista que se alza en las Universidades por parte de los estudiantes, es lo que nos une a la clase obrera, a los campesinos y a los pueblos originarios de nuestra América. Cuando hablamos de clase obrera no sólo nos referimos a los trabajadores y las trabajadoras de las fábricas o de las industrias, sino también a todo asalariado. Y esa unión se funda además en el simple hecho de que como estudiantes hacemos parte de la sociedad y del pueblo y por ende nos vemos influenciados y afectados por las conquistas y las derrotas del movimiento popular. 

A través de la colaboración cada día más estrecha con los sindicatos obreros y potenciando la experiencia de combate contra las fuerzas conservadoras, podremos emprender, como vanguardias universitarias, una definida lucha ideológica. 

La UNILA, como proyecto de integración, consigue reunir aquí la experiencias de sus diferentes pueblos y es en esta unión que se constituye esta batalla histórica por una Universidad con y para sus hijos. 

Paridad como camino hacia la democracia universitaria 

La efectiva participación de estudiantes en los espacios de decisión fomenta el envolvimiento de quienes hacen parte de la comunidad académica con respecto a la Universidad y, de esa forma, contribuye a la conformación de sujetos críticos y comprometidos con la sociedad, lo cual es uno de los fines de nuestra institución. 

Asimismo, la representación paritaria de las categorías garantiza que ninguna de estas por sí sola tenga el control de los órganos de conducción, inhibiendo de ese modo, que se puedan dar expresiones corporativistas; además promueve el diálogo como forma abordar el funcionamiento de la Universidad, reforzando el principio de la gestión democrática. 

En otro sentido, el proyecto innovador de la UNILA se propone actuar sobre la realidad para transformarla y para eso los órganos de decisión no pueden ser espacios sin la amplia participación de las tres categorías. Por ello, la más amplia participación de los sectores que conforman la comunidad académica de la UNILA en los procesos de decisión, viene a reafirmar la vocación innovadora y transformadora de la institución. En la materialización de esta lucha histórica no somos los y las estudiantes de la UNILA que ganamos, son los pueblos latinoamericanos en la búsqueda de su autodeterminación. 

Resaltamos que la defensa de la autonomía universitaria y del cogobierno, son dos principios muy sensibles al movimiento estudiantil latinoamericano y caribeño. Nosotros, en cuanto estudiantes de la región, no somos ni podríamos ser ajenos a esos principios. Conscientes de la responsabilidad histórica a la cual nos enfrentamos, asumimos con coraje y orgullo el compromiso de defender estas dos banderas, siendo fruto de ello nuestro Reglamento General, que establece la representación paritaria de las categorías en los ámbitos deliberativos. 

La defensa de estos principios radica en nuestra práctica militante y también en su trasfondo teórico que se desprende no sólo de la experiencia sino que tiene su epicentro en algunas convicciones que refuerzan nuestros principios. 

Entendemos que las categorías tienen sus particularidades y pautas concretas y eso nutre el propio proceso democrático. Consideramos además que el derecho de tener voz y voto en los espacios en donde son adoptadas resoluciones que afectan a la comunidad académica en su conjunto, no puede estar condicionado al grado de preparación técnica, ya que con ello se estaría promoviendo modelos tecnocráticos que se sustentan en concepciones de democracia que son ciertamente restringidas y que nada tienen que ver con concepciones de democracia avanzada. Es necesario afirmar que sólo en base al diálogo y al debate se pueden conducir los espacios democráticos y no le cabe al autoritarismo delegado de una u otra categoría la dirección de los mismos. Vale la pena reforzar también, que la formación ostentada por los y las docentes radica en áreas específicas del conocimiento y no necesariamente a la participación o gestión de espacios internos de la Universidad. 

Por otra parte, suele escucharse el argumento de que los y las estudiantes permanecen en la universidad tan sólo cuatro o cinco años y luego se marchan. Eso es cierto si se considera su permanencia individual, lo cual desconoce que la participación de los mismos en los espacios deliberativos se da en calidad de representantes de toda la categoría estudiantil como síntesis de su proceso histórico de acumulación política, la cual sí es continua y permanente. Incluso, pensando en un nivel más general, podría surgir la siguiente pregunta: ¿a un anciano se le ocurriría demandar que su voto en las elecciones valga doble por haber permanecido mayor tiempo en este mundo? 

En relación a quienes invocan la legislación brasileña como fundamento para perpetuar el monopolio docente sobre los órganos de decisión, decimos: la ley 9394/96 que establece que los órganos colegiados deben ser compuestos en un 70% por docentes, es una ley que tiene su origen en la dictadura militar brasileña, que fue refrendada y actualizada durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso y que perseguía objetivos tan poco progresistas como frenar los ímpetus transformadores de las universidades brasileñas, las cuales a influjo de la lucha estudiantil, se estaban transformando en agentes de cambio

Aún contando con la existencia de esta ley retrógrada y antidemocrática, la Constitución de la República Federativa del Brasil de 1988, que se encuentra por encima de cualquier ley, en su artículo 207 otorga autonomía administrativa, financiera, y didáctico-pedagógica a la Universidad

Desde hace siglos en diversas universidades del mundo entero se lucha por la autonomía universitaria como forma de garantizar que la misma no quede a merced de las voluntades de los gobiernos de turno. En nuestra región, la historia reciente de los movimientos autonomistas ha demostrado que la defensa de la autonomía universitaria tiene un carácter antioligárquico y democratizador. 

Igualmente, como ya nos decían los y las estudiantes cordobeses en 1918: “¿Que en nuestro país una ley [...] se opone a nuestros anhelos? Pues a reformar la ley, que nuestra salud moral lo está exigiendo”.(MANIFIESTO LIMINAR,1918) 

En ese sentido afirmamos que si el problema es que la ley no permite la composición paritaria de los ámbitos deliberativos, si defiende un modelo que es contrario al principio de la gestión democrática, entonces es esa ley la que debe cambiarse y en ese marco, la UNILA puede configurarse como un ejemplo que demuestra que nuevos modelos no solo son posibles, sino necesarios. 

Por otra parte, la lucha por la paridad y la democratización de la universidad ya ha tenido sus frutos en diversos casos, entre ellos está el de la Universidad Federal Rural de Amazonas (UFRA), la cual establece la representación paritaria de las categorías en su Consejo Universitario. Asimismo siendo integrantes de una Universidad con vocación latinoamericanista, no podemos ser ajenos a los procesos que se dan en la región; contamos en América Latina con el ejemplo de las universidades bolivianas que establecen la integración paritaria de sus consejos universitarios entre docentes y estudiantes, pese a que es incompleta, pues no contempla la participación de las trabajadoras y los trabajadores técnicos. Asimismo, en Uruguay, la Universidad de la República establece en su Consejo Directivo Central la representación paritaria de las categorías, siendo en este caso docentes, estudiantes y egresados. 

Concepción de la Universidad 

Esta lucha no es para nosotros un esfuerzo que pueda ser enmarcable tan solo en reivindicaciones concretas. Detrás de nuestros compromisos, de nuestras proclamas, se halla una concepción sobre la Universidad que queremos, una idea definida sobre el rumbo que la misma debe tomar. La Universidad que queremos ha de dejar atrás el modelo iluminista del dominio exclusivo del conocimiento, que crea elites de intelectuales disociadas de su realidad y sin vinculación social; la universidad que queremos es emancipadora, no sólo del espíritu y el intelecto, sino de la realidad material de sus integrantes, haciendo fiel homenaje al espíritu revolucionario de sus pueblos; la universidad que queremos desconoce de disociaciones entre la investigación, la educación y la extensión, sino que las comprende como un trípode que juntas sostienen su estructura y también la expanden por todas las áreas del conocimiento y su actuar social; asimismo la interdisciplinariedad debe ser un elemento indisoluble al proyecto universitario ya que, sólo con la suma y el complemento de todos los saberes, es posible generar cambios reales tanto en el ámbito académico, como en el social, provocando la superación de este sistema injusto, excluyente y desigual en el que estamos 
inmersos. 

Queremos una Universidad que se base en su soberano, su “demos”, queremos decir, su comunidad académica compuesta por técnicos, estudiantes y profesores. De tal modo, las definiciones centrales que pautan el quehacer universitario, deben de ser el resultado de la voluntad de la misma. El rol que nos compete como estudiantes es mucho mayor que el de ser inanimados receptores de lainformación que los llamados especialistas nos brindan: como sujetos críticos, activos y comprometidos con nuestra realidad, tenemos tanto para aprender de los demás como cuanto tenemos para aportar.

Nuestro compromiso es con la educación de nuestros pueblos, para ello es que el movimiento estudiantil respira. Pero la educación la entendemos en su compromiso político, en su lugar como formadora de sujetos, como educadora de sus hijos. Así es que repudiamos toda lógica que pretenda ser excluyente y tecnocrática, que busque generar aristocracias oligárquicas que se sientan en la potestad y en la autoridad de ser quienes dirijan nuestras vidas. Repudiamos todo sistema que fomente la desigualdad y la injusticia, elementos que son hoy los principales generadores de violencia, no sólo en nuestro continente, sino en el mundo entero. 

Nuestro compromiso es con nuestra Latinoamérica ya que para ella trabajamos, para ella estudiamos y para ella vivimos. Como diría un joven Ernesto Guevara, nosotros también creemos que “la división de América en nacionalidades inciertas e ilusorias es completamente ficticia” y que somos tan patriotas de nuestros respectivos países como de cualquier otro que exija nuestros oficios. 

Así, este manifiesto, saluda a todos nuestros compañeros que en cada rincón de América Latina luchan por derribar sus dolores para conquistar sus libertades, como abraza fraternalmente a todos aquellos que pelean por una sociedad más justa. 

La Universidad que queremos es la casa de las y los trabajadores, de los explotados y las explotadas, de las y los que han carecido de oportunidades. En fin, la Universidad que queremos ha de ser la casa de nuestros pueblos. 

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